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miércoles, 21 de diciembre de 2011

La Reforma de la Educación Escolar

Sobre el Bachillerato de 3 años, Francisco López Rupérez, Presidente del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, ha propuesto las siguientes actuaciones:

Asignar a la Educación Secundaria Inferior una duración de 3 años (12-15) sin perjuicio del mantenimiento de la obligatoriedad hasta los 16 años.

Asignar a la Educación Secundaria Superior una duración de 3 años (15-18) y organizarla en dos trayectorias alternativas: el Bachillerato General y el Bachillerato Profesional.

El Bachillerato General, organizado en modalidades, tendría una orientación propedéutica o de preparación para los estudios superiores. Una prueba de madurez facilitaría el acceso a las enseñanzas propiamente universitarias.

El Bachillerado Profesional, de estructura modular y organizado en familias profesionales, conduciría al título de técnico en la especialidad correspondiente que habilitaría tanto para el acceso a la Formación Profesional de Grado Superior como para una incorporación cualificada al mundo del trabajo.

El Bachillerato Profesional adoptaría un enfoque organizativo mixto o en alternancia –con una mayor presencia que la actual en el centro laboral– y se habilitarían fórmulas específicas de contratación laboral para los alumnos en formación mayores de 16 años, así como estímulos fiscales para las empresas. Cuando las tecnologías cambian muy rápidamente la empresa es el mejor lugar para formarse.

Definir un sistema de itinerarios y de pasarelas formativas que otorgue al sistema reglado en su conjunto una mayor flexibilidad, con la posibilidad de reincorporarse a él en cualquier momento o circunstancia.

La propuesta completa de Francisco López Rupérez, titulada "La Reforma de la Educación Escolar",  se puede leer pulsando aquí.

martes, 6 de enero de 2009

Los retoños de Cronos. La LOGSE o la infantilización consumada

José Sánchez Tortosa, escritor y profesor de Filosofía, ha publicado en la revista digital El Catoblepas, un artículo que contiene la siguiente conclusión:


El resultado es que lo que se ha democratizado es la ignorancia, lo que se ha socializado es la idiotez, no el conocimiento, se ha universalizado el sentimiento, no el concepto, lo cual es tanto como decir que se ha democratizado la tiranía, la barbarie, lo que por definición no puede ser democrático. Y ahí, las personas con menos recursos materiales son engullidos por el Estado y el Mercado y sacrificados en el altar de la pedagogía falsamente liberadora. Porque quien disponga de medios huirá de la enseñanza pública y, como las familias nobles de la antigua Grecia, pagarán la educación de sus hijos a los sofistas de hoy para ascender social y profesionalmente. Con lo cual, tras la pantalla de la retórica progresista de una escolarización universal, no discriminatoria, se ha consumado una analfetización efectiva de aquellos a los que les está vedada la enseñanza privada.


Si deseas leer el artículo completo, pulsa aquí.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

La estafa del enseñar a enseñar

Andrés de la Oliva, catedrático de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y 15 profesores de universidad o instituto, publican en el diario El País un artículo en el que argumentan:


La tesis principal (de los pedagogos) es que un profesor no sólo debe conocer su materia, sino que debe también aprender a enseñarla. Esto parece muy de "sentido común", pero es un sofisma con el que los "expertos en educación" llevan muchos años abduciendo a las autoridades ministeriales. Los futuros profesores, se dice, deben "aprender a enseñar" y los alumnos "aprender a aprender". Para conseguirlo, existe un cuerpo de especialistas (con sus propios intereses corporativos), cuya función es "enseñar a enseñar". Ahora bien, para ello precisamente se confió a los pedagogos el curso del CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica). Este curso jamás se ha sometido a una evaluación objetiva entre los profesores de secundaria y bachillerato. Se sabía de sobra que los profesores no sólo no avalarían su utilidad, sino que lo valorarían como una estafa o una impostura. ¿Qué solución propone el ministerio? Nada menos que sustituir el quinto año de preparación disciplinar específica por un Máster de Formación del Profesorado que no es más que un CAP más largo y más caro. Cualquier cosa menos preguntar a los profesores sobre la utilidad en las aulas de la formación pedagógica. Por lo visto, los únicos que saben lo que se necesita en las aulas son los que jamás han pisado un aula. Por lo mismo, los únicos que saben cómo se enseña matemáticas, gramática o historia, son los que no saben ni matemáticas, ni gramática, ni historia (pero son, en cambio, expertos en enseñar a enseñar cómo se aprende a aprender).